La ilusión de un espejo roto

La ilusión de un espejo roto
Y pensaron que sabían lo que veían. Pero sólo era un reflejo

martes, 1 de febrero de 2011

Locura

- Esta será la última lágrima- dijo ella mientras se enjuagaba una única lágrima de su ojo derecho con la punta de sus dedos- Pero será la última para mí. A ti te queda muchas más aún.
Dicho esto se alejó un par de pasos, sin darle la espalda nunca. Su mente voló. Se dejó arrastrar por una marea de tortuosos sentimientos en la que terminó por naufragar.
Su espalda se convulsionó y se arqueó formando un ángulo recto y se quedó en paralelo con el suelo. Se llevó las manos a la cara y la tapó totalmente. Soltó una tétrica carcajada. Después su cuerpo se volvió a convulsionar y se dobló hacia delante. Su cuerpo estaba reducido a la mitad de la altura. Su nariz casi podía tocar sus rodillas. Sus brazos cayeron a ambos lados de sus piernas. 
Cuando volvió a alzar la cabeza, tenía un aspecto psicótico. Sus ojos tenían un brillo de locura. En ellos a penas se veía el iris, pero ya no era pardo como antes, sino que la finísima circunferencia que aún era visible tenía un enfermizo color cobrizo. Su sonrisa era de lo más siniestro. Mostraba todos sus dientes. Pero ya no parecían los de antes, parecían más... afilados...
Nunca, nunca más una lágrima volvió a correr por su mejilla, ni a caer por sus ojos. Definitivamente se volvió loca. Su mente seguramente estará perdida en Irlanda...
En fin soñadores, esta entrada es algo extraña, lo sé y seguramente muy pocos la entiendan, ya que para ella me he basado en dos cosas, una, la descripción, en la locura que sufre Maka (Soul eater) y la otra en el Valle de los Lunáticos (el mar de los trolls)

Metas perdidas

Triste destino me ampara.
Garras de papel
que en mi piel se clavan. Lamentos
que en tinta se callan. Tinta
que mi sangre envenena. Una fiera
en mi corazón grita
indefensa, perdida. Has luchado
pero no has dado la talla. Todo
el esfuerzo en vano
parece haber sido. Has
perdido y no tienes oportunidad.
Mentira. Oportunidad sí
tienes, junio es la meta que en
enero no has alcanzado aún.

Bueno soñadores, creo que está más que claro lo que quiere decir mi poemilla, al final han sido tres las que me han quedado, espero que el próximo semestre no sea ninguna y que pueda recuperarlas en junio.

lunes, 31 de enero de 2011

Tenía una vida perfecta. Buenos amigos, una novia que me quería, una familia genial y los estudios, bueno, me iban bastante bien. No tenía matrículas de honor, pero al menos tenía todas aprobadas y algún notable. Era feliz. Era feliz pero me sentía vacío. Era simplemente como si no pudiera ser feliz. Había tenido malos momentos en mi vida, momentos en los que sí tenía excusa para estar deprimido. Cuando mi mejor amigo murió en el accidente sí tenía excusa para estar deprimido, pero lo superé. Y así alguna otra situación parecida. 
Pero ahora me iba todo perfectamente. Simplemente es que no estaba hecho para ser feliz. La muerte me atraía demasiado cuando era feliz. Quería saber lo que sentía. Quería hacer daño a los que me rodeaban. Pude ver las lágrimas de aquellos que estaban cuando encontraron mi cuerpo. Me disparé en la sien. Conseguí la pistola no sé como y disparé.

miércoles, 26 de enero de 2011

Tenía escarcha en las pestañas

Estaban en lo más frío del invierno. El suelo estaba frío, totalmente congelado. Le costó horrores cavar su tumba en el frío suelo del cementerio. Los cristales de hielo que se formaban en la tierra eran difíciles de romper y cada vez costaba más sacar la tierra. La pala se clavaba mal en el suelo y a veces resbalaba sobre la superficie del piso. Cuando terminó clavó la pala en la cabecera de la fosa y se dejó caer. Cuando terminó tenía escarcha en las pestañas.

Tenía escarcha en las pestañas

Vivía una pesadilla. Poco a poco veía como iba perdiendo aquello que más quería. Pero, sinceramente, no le importaba. Tenía un vacío tan grande en su interior que ni siquiera era consciente de que estaba sucumbiendo a una oscuridad imposible. No podía sentir nada. Su pesadilla no era una pesadilla, era un vacío.
Sin vacilación alguna levantó la vista del teclado y cerró la ventana de su pantalla. Jamás volvió a saberse nada de ella. Salió de su casa y desapareció. La oscuridad de las calles se la tragó y sus zapatos dejaron de resonar poco a poco en el suelo.
Cuando la encontraron, tenía escarcha en las pestañas.

viernes, 21 de enero de 2011

Hoy he hecho el último examen difícil de este semestre. Me he enterado de dos notas, la de este examen y el otro complicado. El primer examen que hice. He suspendido ambos. Uno de ellos fue un suspenso muy amplio. El otro... necesitaba tener bien 20 preguntas de 35. Han sido sólo 15, espero que para la próxima tenga más suerte.

Rosas

Las rosas siempre habían sido mis flores favoritas. Son hermosas. Me gustaban, especialmente las rosas rojas. Es algo típico, pero... son bonitas. Me gustaba su aroma, si tracto, su forma y su color. Pero ahora... bueno, mejor dejadme que os cuente mi historia.
Me regaló una rosa roja y me pidió perdón. Era una rosa hermosa. Aunque en ese momento no me di cuenta de lo que significaba. O tal vez sí. Seguramente me di cuenta, pero simplemente no lo quise admitir. Me convencí a mí misma que me quería y que no volvería a hacerlo.
Al principio era un sol. Era adorable. Paseábamos juntos, íbamos al cine... Me abrazaba, me tocaba el pelo con dulzura, me acariciaba... Me dedicaba palabras bonitas. Sólo una, una vez me gritó. Estaba cansado del trabajo. Le había ido mal el día. La reunión no había ido bien y la empresa en la que trabajaba  estaba mal. Vivíamos ya juntos. Llegó y le di un beso y le abracé. Me apartó de sí con brusquedad. Estaba enfadado y yo aún no había terminado de hacer la cena. Bufó y me gritó. Yo traté de darme prisa. Se me quemó un poco la tortilla, pero la llevé a la mesa. Él se sentó. Tenía esa cara. Sólo se la había visto antes una vez cuando discutía con su padre. Estaba enfadado. Muy enfadado. Me volvió a gritar "¿Es que no sabes hacer nada bien? Deberías aprender de una vez, estoy cansado de llegar a casa después de un día de duro trabajo y que tenga que esperar para tener la cena en la mesa. Pero si al menos fuese algo bueno, pero no, tengo que esperar para esta bazofia." Tiró el plato al suelo y pegó un puñetazo en la mesa. Se levantó y tiró la silla hacia atrás. Me golpeó en la cara y me tiró al suelo. 
Al día siguiente Llegó con una rosa roja. Me pidió perdón. "No pasa nada, fue culpa mía. Tenía que haber preparado la cena antes. La próxima noche lo haré mejor" Me besó la frente y pasó los dedos por mi labio roto " De verdad que lo siento mucho". 
Todo estuvo bien durante una temporada. El trabajo mejoró. Las cosas iban viento en popa. Sonrisas, palabras dulces, otra vez estaba en el paraíso. Hasta que murió su padre. Era un día triste. Estaba deprimido. Lo abracé cuando llegamos a casa. Había bebido. Había bebido más que de costumbre. Me apartó. No quería apoyo, nunca había tenido demasiado aprecio a su padre, pero era alguien de su familia. Me golpeó. "Ha sido culpa tuya. Todas las discusiones que tuvimos fueron por tu culpa. Él nunca quiso que formaras parte de nuestra familia. Y cuando te conoció, oh cuando te conoció, parecías una puta con ese vestido. Jamás te soportó." me golpeó la cara. "Nunca haces nada bien. No traes dinero a esta casa, no eres capaz de tenerla recogida, ni de hacer una cena en condiciones." Cada nueva palabra, cada nuevo insulto iba acompañado de un golpe. Pero no me refiero sólo a golpes psicológicos (aunque esos eran los peores) también golpes físicos. Jamás pensé que sería así. La humillación, los morados, los golpes, el dolor, la impotencia. No fui al dormitorio con él. Me quedé en el salón, acurrucada en el sofá. Me regaló un ramo de rosas esta vez. Me pidió perdón, miles de disculpas. Otra vez me hice la ciega. Ignoré otra vez esto. Volví a perdonarle.
Me escondía los morados con mangas largas. Sonreía con ojos tristes a los vecinos cuando me encontraba con ellos. Si me preguntaban por los golpes "Oh!, soy muy torpe, me he resbalado en la ducha" o "Es que me he golpeado con la puerta" y otras muchas escusas. 
Volvió a hacerlo. Dos veces más ese año. Siempre me regalaba rosas al día siguiente. Palabras bonitas que me decía. Me creí demasiados "lo siento, no volverá a pasar." Nunca traté de escapar. Al principio pensé que  todo pasaría, que acabaría cambiando. Después simplemente lo dejé pasar. Me echaba la culpa a mí misma de todo lo malo que hacía. Me convencía de que no era malo, que yo era la culpable, la que lo hacía todo mal. Le quería, con eso bastaba para soportar todas esas humillaciones, todas esas cosas. Hasta que al final el río de mis lamentaciones se desbordó completamente. Fue un jueves. El 27 de Mayo. Ese día llegó muy muy borracho. Le habían despedido. Entró por la puerta y entró en la habitación. Me tomó por el brazo y me levantó de un tirón. Intentó besarme pero me aparté. "¿Por qué te apartas, pedazo de puta?" y me golpeó en la cara. Me empujó sobre la cama y se tumbó encima mío. Intentó violarme, pero le golpeé y me lo quité de encima. Me agarró otra vez y me volvió a golpear. Me tiró al suelo. Me insultó. Cada palabra me golpeó como mil piedras. Cada puño, cada golpe. Pensé que iba a parar. Me desmayé por el dolor, pero no paró. Esta vez ya no hubo más rosas, al menos no para mí. 
Una rosa sobre una lápida. Una rosa negra sobre mí lápida.
Ahora que conocéis mi historia, supongo que no veréis las rosas con los mismos ojos de antes. Recordad, por encantador que parezca un príncipe, empieza a ser un ogro cuando te golpea la primera vez. No os convenzáis de que es culpa vuestra, porque no lo es. Si os golpea, es su culpa.

Bueno, soñadores, espero que os guste mi nueva entrada, es un poco... triste, pero es tan real como la vida misma. Todos los días ocurren cosas como estas. Yo quiero que esto cambie. Una vez dije que quiero cambiar el mundo y esto son algunas de las cosas que me gustaría que cambiaran.